La mamá del niño Lucas Gámez aclaró que el niño no ha sido rescatado de los escombros del edificio Miramar, ubicado en Caraballeda, estado La Guaira. Aunque en un principio le avisaron que su hijo estaba vivo y comenzaron las celebraciones a su alrededor, ella prefirió esperar a verlo con sus propios ojos. Minutos después, los rescatistas la llamaron para decirle que el cuerpo que habían sacado era el de un adulto sin vida.
A pesar del golpe, la mamá de Lucas no se rinde y pide a toda Venezuela que no la dejen sola. A través de las redes sociales, hizo un llamado para que se mantengan en cadena de oración, no solo por su pequeño de ocho años, sino por todas las personas que siguen atrapadas bajo el concreto tras el doble terremoto que sacudió al país.
Una pista en El Salvador
La búsqueda de Lucas es una carrera contra el tiempo que no se ha detenido desde el 24 de junio cuando ocurrieron dos terremotos en Venezuela.
En medio de la angustia, su mamá logró hablar por teléfono con un rescatista que está en El Salvador. Ella le explicó detalladamente cómo era el apartamento y dónde se encontraba el niño al momento del sismo. Al analizar los datos, el experto salvadoreño le advirtió algo clave: Lucas está en un lugar tan encerrado y confinado que el aire no circula, y por eso los perros de búsqueda no lo han podido olfatear.
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Esa advertencia técnica hizo que los rescatistas cambiaran los planes por completo. El equipo detuvo el trabajo en los pasillos, se devolvió al punto de inicio y empezó a excavar hacia abajo, rompiendo el concreto de forma vertical para llegar directo al sitio señalado.
Rescatistas de varios países buscan una señal de vida
En Caraballeda cada minuto cuenta. Equipos de rescate de varios países, incluyendo a Venezuela, trabajan día y noche entre las ruinas. Junto a Lucas hay nueve niños más y un grupo de adultos.
Rescatistas de Estados Unidos metieron sondas de alta tecnología en un punto específico y detectaron movimientos bajo el suelo. Poco después, uno de los perros de la brigada estadounidense ladró con fuerza, una señal que en los códigos de rescate significa que hay vida.
En ese lugar exacto comenzaron a romper. Para asegurar el hallazgo, llegaron rescatistas suizos con sus propios equipos de evaluación. Los suizos metieron a tres perros entrenados: si los tres perros marcan el mismo punto, el equipo entra con herramientas pesadas en busca de vida.
La fe que se mantiene en pie frente al edificio Miramar
Mientras los rescatistas y las máquinas siguen haciendo su trabajo, una ambulancia espera en frente con los motores encendidos. La mamá de Lucas sigue hablando con la fe intacta, sabiendo que su hijo está desgastado por las horas de encierro, pero aferrado a la vida.
Las conmovedoras historias de menores atrapados bajo los escombros siguen golpeando el corazón de los venezolanos. El caso de Lucas es uno de los tantos que mantiene en vilo a toda la nación.
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