Los Llanos.- La fiebre hemorrágica venezolana, también conocida como virus de Guanarito, volvió al centro del debate sanitario en Venezuela tras la muerte de cuatro trabajadores de la salud en Barinas. Aunque el Ministerio de Salud informó que investiga el fallecimiento de dos médicos y aseguró que aún no ha identificado el agente causal, el personal de salud de la entidad sostienen que son tres médicos y una enfermera quienes han fallecido con un cuadro clínico similar en los últimos siete meses.
La diferencia entre ambas cifras radica en el alcance de los casos considerados. Mientras el pronunciamiento oficial se refiere a los dos decesos más recientes, ocurridos en julio, el Colegio de Médicos de Barinas, la Federación Médica Venezolana (FMV) y trabajadores del Hospital Dr. Luis Razetti incluyen también al médico Jhovanny Silva, fallecido en diciembre de 2025, y a la enfermera Enelda del Carmen Pérez, quien murió el pasado 21 de febrero tras permanecer hospitalizada con síntomas semejantes.
Hasta el momento ninguna autoridad sanitaria ha confirmado que estos cuatro fallecimientos tengan un mismo origen. Sin embargo, la similitud de los cuadros clínicos y el antecedente de pacientes procedentes de zonas rurales con manifestaciones compatibles con un síndrome febril hemorrágico han llevado a médicos especialistas a insistir en que la fiebre hemorrágica venezolana debe formar parte del diagnóstico diferencial mientras concluyen las investigaciones.
Uno de ellos es el doctor Harum Kasem, médico internista con formación en Salud Pública y uno de los especialistas venezolanos con mayor experiencia en esta enfermedad. Desde 1988 atiende pacientes con fiebre hemorrágica venezolana en Portuguesa, precisamente desde la región donde fue identificado el «virus de Guanarito".
Durante los últimos meses, explicó, mantenía comunicación permanente con la epidemióloga Cecilia Chávez, una de las médicas fallecidas recientemente y exdirectora del Hospital Dr. José León Tapias de Socopó. Ambos intercambiaban información sobre pacientes sospechosos procedentes de comunidades rurales de Barinas.
«La doctora Cecilia Chávez estaba apoyando el seguimiento epidemiológico de uno de los pacientes sospechosos. Sorprendentemente enfermó y falleció. Es una pérdida muy valiosa para la salud pública venezolana», lamentó Kasem en entrevista con El Pitazo.
El especialista aclara que no puede afirmar que la fiebre hemorrágica venezolana sea la causa de estos fallecimientos, porque ese diagnóstico solo puede establecerse mediante estudios virológicos y serológicos realizados por laboratorios especializados. Sin embargo, sostiene que los elementos clínicos y epidemiológicos disponibles justifican investigar esa posibilidad.
¿Qué es la fiebre hemorrágica venezolana?
La fiebre hemorrágica venezolana es una enfermedad causada por un arenavirus, un grupo de virus que tienen como reservorio natural distintas especies de roedores silvestres. Fue identificada por primera vez a finales de la década de 1980, tras un brote registrado en el municipio Guanarito, estado Portuguesa, de donde tomó su nombre más conocido: virus de Guanarito.
Desde entonces, Barinas, Portuguesa y parte de Guárico han sido consideradas las principales zonas endémicas del país. Allí, el virus circula de manera natural entre los roedores sin causarles enfermedad, pero puede transmitirse al ser humano cuando existe contacto con sus excreciones.
«Los roedores infectados son portadores durante toda su vida. A ellos el virus no les produce daño, pero cuando sus excreciones entran en contacto con las personas aparece la enfermedad», explicó Kasem.
El especialista señala que el contagio ocurre principalmente a través de la inhalación de partículas provenientes de orina, heces o saliva secas de estos animales. También puede producirse al manipular alimentos contaminados o durante actividades agrícolas en las que exista contacto con sangre de roedores triturados accidentalmente por maquinaria.
«En algunas labores de cosecha se han descrito casos en los que la maquinaria agrícola lesiona a los roedores y, si el trabajador tiene heridas en la piel, puede producirse el contagio», detalló.
Por esa razón, la fiebre hemorrágica venezolana afecta con mayor frecuencia a agricultores y habitantes de zonas rurales, especialmente en municipios como Guanarito y Papelón, en Portuguesa, y Sosa, Rojas y Sabaneta, en Barinas, que son donde desde siempre se han detectado brotes.
¿Por qué algunos especialistas creen que debe investigarse esta enfermedad?
El Ministerio de Salud sostiene que las investigaciones continúan y que todavía no es posible establecer el origen de las muertes ocurridas en Barinas. Además, aclaró recientemente que estos casos no guardan relación con las tres muertes por hantavirus confirmadas en el estado Anzoátegui.
Kasem coincide en que no es posible emitir conclusiones sin pruebas de laboratorio, pero considera que existen suficientes elementos para incluir la fiebre hemorrágica venezolana entre las principales hipótesis diagnósticas. Entre ellos menciona el perfil epidemiológico de los pacientes, el antecedente de casos sospechosos en municipios rurales de Barinas y la sintomatología observada por el personal médico.
Los trabajadores de la salud consultados por El Pitazo describen que tanto los tres médicos como la enfermera presentaron fiebre persistente, disminución progresiva de las plaquetas, alteraciones de la coagulación, compromiso renal, afectación neurológica y falla de múltiples órganos antes de fallecer.
«Cuando un paciente procede de una zona endémica y comienza con fiebre, caída de plaquetas, disminución de glóbulos blancos, alteración de las pruebas hepáticas y posteriormente desarrolla manifestaciones hemorrágicas, clínicamente la fiebre hemorrágica venezolana debe ser considerada dentro de los diagnósticos diferenciales», explicó Kasem.
No obstante, insistió en que únicamente el aislamiento del virus o las pruebas serológicas practicadas por el Instituto Nacional de Higiene permitirán confirmar o descartar definitivamente esa posibilidad.
¿Por qué el virus de Guanarito puede ser mortal?
A diferencia de otros virus que afectan principalmente un órgano o sistema, la fiebre hemorrágica venezolana es una enfermedad multisistémica. Esto significa que el virus puede propagarse por todo el organismo y comprometer simultáneamente el cerebro, los pulmones, el hígado, los riñones, el corazón, el sistema digestivo y los vasos sanguíneos.
El médico internista Harum Kasem explica que la gravedad de la enfermedad depende de la rapidez con la que el virus se replica dentro de las células. «Mientras más rápido se multiplica, más órganos invade y mayor es el daño que produce», señaló.
Durante los primeros días, los síntomas pueden confundirse con los de otras infecciones virales, como dengue o influenza. Sin embargo, entre el quinto y el sexto día comienza la fase más crítica. Las plaquetas descienden progresivamente, disminuyen los glóbulos blancos y el hígado empieza a deteriorarse, lo que altera la producción de los factores de coagulación. Al mismo tiempo, aumenta la permeabilidad de los vasos sanguíneos y aparecen las hemorragias.
«El virus ataca prácticamente todos los mecanismos que utiliza el organismo para controlar el sangrado. El paciente puede presentar hemorragias en las encías, el aparato digestivo, los pulmones, el cerebro o las vías urinarias, además de desarrollar insuficiencia renal, hepatitis, compromiso cardíaco y alteraciones neurológicas que pueden desencadenar convulsiones», explicó el especialista.
Kasem advierte que muchas de las muertes ocurren porque los pacientes viven en comunidades rurales alejadas de los hospitales y, al inicio, interpretan la fiebre como una enfermedad común. Cuando aparecen los signos de alarma, como el sangrado o el deterioro neurológico, el virus ya ha causado lesiones importantes en varios órganos.
«Es una enfermedad que puede controlarse si el paciente recibe atención durante los primeros dos días de fiebre. El problema es que muchas personas llegan tarde al hospital. Cuando ya tienen cuatro o cinco días de evolución y comienzan a sangrar, el riesgo de complicaciones y de fallecer aumenta considerablemente», afirmó.
Aunque no existe un tratamiento antiviral específico ni una vacuna contra la fiebre hemorrágica venezolana, el especialista subraya que un diagnóstico oportuno permite iniciar medidas de soporte, como hidratación intensiva, transfusión de hemoderivados, control de las alteraciones de la coagulación y vigilancia en unidades de cuidados intensivos, lo que puede mejorar las probabilidades de supervivencia.
¿Cuáles son los síntomas del virus de Guanarito?
El médico internista explica que la enfermedad suele comenzar con fiebre alta de aparición súbita, acompañada de dolor de cabeza intenso, dolores musculares, malestar general, dolor abdominal —especialmente en la región del epigastrio—, náuseas, vómitos y diarrea. En esta etapa inicial, el cuadro clínico no permite diferenciar fácilmente la fiebre hemorrágica venezolana de otras infecciones.
A medida que transcurren los días, generalmente entre el cuarto y el sexto desde el inicio de la fiebre, aparecen los signos que hacen sospechar de esta enfermedad. «Empiezan a descender las plaquetas y los glóbulos blancos, aumentan las transaminasas porque el hígado comienza a afectarse y se alteran los mecanismos de coagulación», explicó el especialista.
Con la progresión del virus pueden presentarse sangrado de las encías, hemorragias digestivas, sangre en la orina o en las heces, petequias (pequeñas manchas rojas o moradas en la piel), hematomas espontáneos y sangrado por otros orificios naturales. Paralelamente, el paciente puede desarrollar insuficiencia renal, compromiso hepático, dificultad respiratoria, alteraciones cardiovasculares y manifestaciones neurológicas, como desorientación, somnolencia o convulsiones.
Kasem señala que uno de los principales criterios de sospecha es la combinación entre el cuadro clínico y el antecedente epidemiológico. «Cuando un paciente proviene de municipios rurales endémicos, como Guanarito y Papelón, en Portuguesa, o Rojas, Sosa y Sabaneta, en Barinas, y presenta fiebre persistente con caída progresiva de las plaquetas y alteraciones de la coagulación, la fiebre hemorrágica venezolana debe incluirse dentro de los diagnósticos diferenciales», indicó.
¿En qué se diferencia el virus de Guanarito del hantavirus, el dengue hemorrágico y la fiebre amarilla?
Aunque las cuatro enfermedades pueden comenzar con fiebre, dolor de cabeza, malestar general y dolores musculares, el doctor Kasem explica que cada una tiene un comportamiento clínico, una forma de transmisión y un agente causal distintos. Por eso, insiste en que el diagnóstico no puede basarse únicamente en los síntomas iniciales, sino que debe complementarse con la evaluación epidemiológica y las pruebas de laboratorio.
La principal diferencia con el hantavirus es que, aunque ambos virus son transmitidos por roedores y suelen presentarse en zonas rurales, pertenecen a familias virales diferentes y afectan órganos distintos. «El hantavirus produce principalmente enfermedad pulmonar y renal, mientras que la fiebre hemorrágica venezolana es una enfermedad sistémica que compromete prácticamente todo el organismo», explicó. Además, recordó que el Ministerio de Salud ya confirmó que los casos de hantavirus registrados en Anzoátegui no guardan relación con las muertes que permanecen bajo investigación en Barinas.
Con respecto al dengue hemorrágico, Kasem señaló que la diferencia comienza con la forma de transmisión. El dengue es causado por un virus que transmite el mosquito Aedes aegypti y puede presentarse en prácticamente cualquier región del país donde circule este vector. En cambio, la fiebre hemorrágica venezolana se adquiere por el contacto con excreciones de roedores silvestres y está limitada a zonas endémicas de los Llanos occidentales. Aunque ambas enfermedades pueden ocasionar hemorragias y disminución de las plaquetas, el especialista afirma que el virus de Guanarito suele producir un compromiso multisistémico más agresivo.
«La fiebre hemorrágica venezolana tiene un impacto sistémico mucho mayor. No solo altera la coagulación, sino que afecta el sistema nervioso, el hígado, el riñón, el corazón, el aparato digestivo y la vasculatura, por lo que el deterioro del paciente suele ser más severo», indicó.
En cuanto a la fiebre amarilla, explicó que también es una enfermedad viral transmitida por mosquitos, pero con un comportamiento diferente. Su principal órgano blanco es el hígado, donde provoca una hepatitis aguda que puede causar ictericia —la coloración amarillenta de la piel y los ojos— y trastornos de la coagulación. Aunque en los casos graves también pueden presentarse hemorragias, estas se producen principalmente como consecuencia del daño hepático.
Kasem destacó otra diferencia fundamental: mientras la fiebre amarilla puede prevenirse mediante vacunación, no existe una vacuna ni un tratamiento antiviral específico para la fiebre hemorrágica venezolana. Por ello, el diagnóstico temprano y el tratamiento de soporte son determinantes para reducir el riesgo de complicaciones y de muerte.
«Un médico con experiencia, apoyado en la historia clínica, el lugar de procedencia del paciente, los exámenes de laboratorio y la evolución de la enfermedad, puede orientar el diagnóstico diferencial entre fiebre hemorrágica venezolana, hantavirus, dengue hemorrágico y fiebre amarilla. Después corresponde a las pruebas virológicas confirmar cuál es el agente causal», concluyó.
¿Qué muestran los boletines epidemiológicos de 2026 y qué inconsistencias han sido detectadas?
La preocupación del personal sanitario en Barinas ocurre en un contexto en el que los reportes epidemiológicos oficiales han comenzado nuevamente a ofrecer información sobre la circulación de enfermedades, después de 9 años de ausencia de datos públicos.
De acuerdo con los boletines epidemiológicos correspondientes a 2026, durante este año se han registrado casos confirmados de fiebre hemorrágica venezolana causada por el virus de Guanarito en los estados Barinas y Portuguesa. En el reporte correspondiente a la semana epidemiológica 22, el Ministerio de Salud confirmó un nuevo contagio por virus de Guanarito, con lo que la cifra acumulada ascendía a ocho casos en Barinas y dos en Portuguesa.
Una semana después, en la semana epidemiológica 23, el balance oficial sumó dos nuevos contagios en territorio barinés, elevando a diez los diagnósticos confirmados en esa entidad. Sin embargo, estos casos no fueron reflejados posteriormente en el tablero de control epidemiológico.
Para la semana epidemiológica 26, la matriz del boletín asignó cuatro casos positivos durante ese período y clasificó la situación como «por encima de lo esperado». No obstante, en el apartado descriptivo del mismo documento se indicó que durante esa semana «no se registraron casos nuevos».
Estas diferencias entre las tablas estadísticas y la descripción narrativa del propio boletín generan dudas sobre la forma en que se están procesando los datos. Los datos oficiales acumulaban 12 casos confirmados de fiebre hemorrágica venezolana en 2026, de un total de 347 pacientes evaluados bajo sospecha clínica, con una letalidad de 58,33 %, debido al fallecimiento de siete personas.
¿Qué denuncian los trabajadores de la salud sobre los casos rurales?
Trabajadores sanitarios consultados por El Pitazo aseguran que desde hace varios años han atendido pacientes provenientes de comunidades rurales de Barinas con cuadros clínicos similares a los descritos en los casos recientes, principalmente procedentes de los municipios Rojas y Sosa.
Según estas fuentes, algunos de estos pacientes han evolucionado con fiebre persistente, alteraciones hematológicas, disminución de plaquetas, sangrado y compromiso de varios órganos. También señalan que existirían fallecimientos que no siempre quedan reflejados en los registros epidemiológicos oficiales debido a la dificultad para confirmar el diagnóstico.
Los trabajadores explican que el diagnóstico definitivo de fiebre hemorrágica venezolana requiere pruebas especializadas que deben ser procesadas por laboratorios de referencia, principalmente el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel, en Caracas. Esta situación, aseguran, puede retrasar la confirmación de los casos.
El doctor Harum Kasem considera que uno de los desafíos históricos para el control de esta enfermedad es precisamente la capacidad diagnóstica. El especialista cuestiona que, pese a que el virus de Guanarito fue identificado hace más de tres décadas, las zonas endémicas del país aún no cuenten con laboratorios regionales capaces de realizar aislamiento viral y pruebas confirmatorias.
«Existiendo esta enfermedad desde 1990, cómo es posible que en todo este tiempo no se cuente con un laboratorio en los Llanos, que es la zona endémica, para poder hacer el aislamiento y cultivo del virus», cuestionó Kasem.
¿Vigilancia epidemiológica?
Hasta ahora, no existe una confirmación oficial de que las muertes de estos trabajadores sanitarios hayan sido causadas por el virus de Guanarito. El Ministerio de Salud mantiene abiertas las investigaciones y ha señalado que divulgará los resultados finales por sus canales oficiales.
Especialistas como Harum Kasem consideran que, debido a la ubicación geográfica, el antecedente epidemiológico, la existencia de casos confirmados durante 2026 y la similitud de los síntomas, la fiebre hemorrágica venezolana debe permanecer entre las hipótesis que requieren ser descartadas. El médico insiste en que la alerta no debe convertirse en alarma, pero sí debe traducirse en vigilancia epidemiológica, diagnóstico oportuno, protección del personal sanitario y atención temprana de los pacientes provenientes de zonas rurales. «La enfermedad puede ser tratada si se identifica temprano. El mayor riesgo está en que el paciente piense que es una fiebre común y llegue cuando ya existe daño multisistémico», afirmó.


