Entre pérdidas y esperanza: venezolanos que usan sus talentos para ayudar y continuar luego de los terremotos

Cuatro venezolanos transformaron sus oficios y profesiones en herramientas para afrontar las consecuencias de los terremotos, ya sea atendiendo a afectados, generando ingresos para sus familias o desarrollando proyectos para quienes perdieron sus viviendas

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Caracas.- La emergencia que dejaron los terremotos del 24 de julio no solo movilizó a organizaciones y equipos de ayuda. También llevó a venezolanos, dentro y fuera del país, a poner sus conocimientos, oficios y profesiones al servicio de quienes resultaron afectados. Tatuadores, barberos, médicos e ingenieros encontraron distintas maneras de aportar, algunos desde las zonas golpeadas y otros a la distancia, con la intención de que sus habilidades pudieran convertirse en una forma concreta de ayudar.

Los sismos, que causaron daños en distintas zonas del país, dejaron miles de personas afectadas, viviendas destruidas y una emergencia que se extendió más allá de las primeras horas de rescate. Para quienes perdieron familiares, bienes o sus casas, la atención médica, la recuperación y la búsqueda de un lugar donde vivir se convirtieron en necesidades urgentes que todavía persisten.

En entrevistas exclusivas para El Pitazo, cuatro venezolanos cuentan cómo sus historias personales se cruzaron con la emergencia y cómo decidieron utilizar aquello que saben hacer para continuar adelante o apoyar a otros.

Tatuar para ayudar a su abuela

Alex Gomes tiene 20 años y lleva aproximadamente cuatro años dedicado al tatuaje, dos de ellos de manera profesional a tiempo completo. Su vínculo con este oficio comenzó, en parte, con una persona muy cercana: su abuela.

Ella, cuenta Alex, durante mucho tiempo estuvo en contra de los tatuajes. Sin embargo, terminó prestándole su piel para que él plasmara su arte. Ese gesto adquirió un significado distinto después del terremoto, cuando su abuela resultó gravemente herida.

La mujer se encontraba en un centro comercial de Guatire cuando parte de la estructura cayó sobre ella. Sufrió fracturas en el cráneo, la cadera y las costillas, además de un aplastamiento de pulmón.

Primero la trasladaron al Hospital Central de Guatire. Debido a la falta de insumos, posteriormente fue llevada al Pérez León, pero tampoco tenían los inusmos necesarios para atenderla. Fnalmente, la familia acudió a la Clínica Metropolitana, donde lograron estabilizarla.

La hospitalización se extendió durante unos 20 días y la operación tuvo un costo aproximado de 50.000 dólares. La familia comenzó entonces a buscar ayuda. Alex publicó un video en redes sociales y las donaciones empezaron a llegar, tanto desde Venezuela como desde otros países. Aun así, la deuda continúa: Alex calcula que todavía faltan por pagar alrededor de 40.000 dólares, además de los gastos de enfermería y otros cuidados que su abuela necesita diariamente.

Por eso decidió convertir su oficio en una herramienta de apoyo. El 50 % de lo que genera con sus tatuajes lo destina a la recuperación de su abuela. El resto lo utiliza para reconectar su estudio y comprar los insumos que necesita para seguir trabajando.

Alex Gomes realizando uno de los tatuajes para reunir fondos para la salud de su abuela. Foto: Daniela Carrasco

Alex se especializa en líneas finas, blackwork y anime. También está en proceso de buscar una locación en Caracas para poder atender a sus clientes, puesto que al ubicarse en El Junquito, a sus clientes se les dificulta el traslado.

“Mi preocupación ahorita no es ni siquiera comprar una máquina nueva, nada, simplemente es poder ayudar en lo más que yo pueda a mi abuela", cuenta a El Pitazo.

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Trabajar después de perderlo todo

Harold Ramos, de 20 años, tiene una historia está marcada por una pérdida que cambió su vida: durante el terremoto perdió su casa, sus bienes materiales y a su padre.

En medio de esa experiencia, encontró en sus propias capacidades una forma de continuar. Actualmente trabaja como barbero y atiende a domicilio en distintas zonas de Caracas.

Pero la barbería es solo una parte de su historia. Harold también se dedica al modelaje profesional, practica canotaje y estudia ingeniería en petroquímica.

Harold Ramos, barbero, estudiante, modelo y atleta. Foto: Daniela Carrasco.

Su trabajo como barbero le permite mantenerse activo y generar ingresos mientras continúa con sus estudios y otras actividades. Cuando termina tarde sus jornadas en Caracas, incluso debe quedarse en casa de algunos compañeros, pues reside en Santa Teresa, en los Valles del Tuy.

«Ha sido bastante fuerte, o sea, la experiencia vivida allá fue algo totalmente inexplicable, increíble, muy doloroso. También es algo que me ha ayudado mucho a autosuperarme, a buscar nuevas metas, nuevos enfoques, seguir con mi vida, continuar con mis estudios sin dejar el trabajo. Es un tema bastante complicado, sin embargo, tenemos que decidir seguir adelante», dice Ramos.

Su apuesta está en algo que puede sostener en el tiempo: trabajar con sus manos y ofrecer un servicio que le permita seguir avanzando pese a las pérdidas.

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Volver como médico a una zona de desastre

Ángel Sánchez, médico cirujano, egresado de la Escuela Vargas de la Universidad Central de Venezuela, y urgenciólogo formado en Chile. Lleva nueve años en ese país y, dentro de su preparación profesional, se especializó en un área que en Venezuela todavía no existe como especialidad universitaria: la medicina de urgencias y desastres.

Su formación, sin embargo, encontró por primera vez un escenario real de catástrofe en Venezuela, el país donde nació y donde estudió Medicina.

Ángel Sánchez en la Escuela Vargas de la Universidad Central de Venezuela. Foto: cortesía

Después de los terremotos del 24 de junio, Ángel decidió regresar junto con un amigo, también vinculado al área de medicina de urgencia, para ofrecerse como voluntario. No sabían exactamente cómo incorporarse a los equipos de respuesta ni tenían la posibilidad de integrarse formalmente a un hospital, pero ambos estaban convencidos de que sus conocimientos podían ser útiles.

“Volver a Venezuela en este contexto como un médico especialista, uno de los pocos médicos especialistas, ha sido bien gratificante para mí", cuenta Ángel a El Pitazo.

El médico explica que la medicina de desastres contempla distintas fases de atención. Cuando ellos llegaron a Venezuela, ya había pasado la etapa inicial de rescate y comenzaron a encontrarse con otra consecuencia de la emergencia: pacientes con enfermedades crónicas que habían perdido sus medicamentos o que, debido a la situación provocada por el terremoto, ya no podían acceder a sus tratamientos.

Ángel y su equipo atendieron a pacientes con hipertensión, diabetes, epilepsia, insuficiencia respiratoria y EPOC, pero su trabajo no terminó en la atención clínica. También tuvieron que organizar medicamentos, agua, alimentos y equipos, además de coordinarse con voluntarios y grupos internacionales.

En medio de esa labor, Ángel recurrió a sus conocimientos de gestión y coordinación. Contactó a estudiantes de Medicina de la Universidad Central de Venezuela para reforzar al equipo y articuló esfuerzos con otros grupos que trabajaban en la zona afectada.

Ángel Sánchez ayudando a coordinar equipos de ayuda en La Guaira. Foto: cortesía.

Para él, la experiencia tuvo un significado particular: durante años se había preparado para responder ante situaciones de emergencia y desastre, pero nunca había enfrentado una catástrofe de esta magnitud en terreno.

“Te da la sensación de que te preparaste y te formaste años para entregar lo mejor de ti y hacer una respuesta tan bonita como la que hicimos nosotros (…) Me siento increíblemente afortunado de tener la posibilidad de regresar a Venezuela y ayudar", relata.

Casas con impresión 3D

Javier Godoy es un ingeniero mecánico venezolano de 30 años, criado en un barrio de Charallave. Emigró por primera vez en 2018 en busca de oportunidades y volvió a salir del país en 2025. Actualmente lleva un año y medio en España, donde ha trabajado en el área de mecánica, redes sociales y cocina.

Como migrante, dice que siempre ha mantenido la intención de regresar a Venezuela. Los terremotos reforzaron esa necesidad de encontrar una manera de ayudar, aunque físicamente no podía estar de inmediato en el país.

Durante las primeras semanas, Javier buscó una forma de contribuir que fuera más allá de las donaciones familiares que ya había realizado. Sabía que muchas personas podían quedar sin vivienda y comenzó a pensar qué podía aportar desde su experiencia.

Así surgió La Guaira 3D, un proyecto que plantea desarrollar casas de transición en serie mediante impresión 3D. Javier ya llevaba años interesado en esta tecnología. Tras la emergencia, consideró que podía utilizarla para buscar una solución rápida y digna para quienes perdieron sus viviendas.

El proyecto se encuentra en una fase de desarrollo de ingeniería y mercado, que incluye la recopilación de datos, la evaluación de agregados locales para la mezcla y reuniones con instituciones y entes reguladores de la construcción para avanzar hacia un proyecto piloto. Para convertir la idea en una realidad, Javier busca alianzas académicas, inversionistas, proveedores de materiales e instituciones públicas o privadas.

Su objetivo es que el proyecto pueda pasar del modelo a una solución construible con el rigor técnico necesario para garantizar la seguridad de las familias.

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