Por: Andreina Mujica @andreinamujica
El Pabellón de Venezuela en la Bienal de Venecia 2026 ofrece hoy una imagen desoladora y de absoluto abandono, encontrándose completamente destrozado y cerrado al público ante el riesgo inminente de un colapso estructural. Esta crítica situación impide que la histórica joya arquitectónica diseñada por Carlo Scarpa en los Giardini pueda albergar con normalidad su representación en la 61ª Exposición Internacional de Arte, In Minor Keys. Las fotografías fueron tomadas un día antes del doble terremoto en Venezuela.
Siempre adelantados a una catástrofe, la llamada V república representada hoy por Delcy Rodriguez destaca en la Bienal más importante del mundo del arte.
Mientras las sedes del Arsenale y Forte Marghera continúan con la agenda del evento hasta el 22 de noviembre, la clausura forzosa y el peligro de derrumbe del pabellón venezolano se convierten en un triste reflejo de la crisis institucional y logística que arrastra el espacio, dejando a los visitantes y a la diáspora con las puertas cerradas en la vitrina artística más importante del mundo.

Es una tremenda contradicción y una de las grandes tristezas del circuito artístico: que una joya arquitectónica de Carlo Scarpa, en pleno corazón de los Giardini, sufra los embates del abandono institucional, el deterioro, el “degrado" es tal que parece inspirado en La Gran Misión Vivienda.
El Pabellón de Venezuela en 2024 (Hace dos años)
En 2024, la gran paradoja fue total. El interior del pabellón albergaba el cinetismo brillante, los reflejos ópticos y los colores de Juvenal Ravelo (e incluso un mural donde los visitantes podían pintar), pero los críticos y periodistas internacionales no pudieron evitar reportar el evidente contraste con las filtraciones de agua, las grietas y la falta de restauración del icónico edificio de Carlo Scarpa. El contenedor de hormigón pedía a gritos auxilio estructural mientras contenía el brillo del arte cinético nacional.
La dual narrativa se impone desde hace casi tres décadas pero se expone en el 2024, brillante por dentro, gracias al venezolano, pero quebrado en infraestructura por la irresponsabilidad infinita de los responsables de un país.
El proyecto fue impulsado en los años 50 durante la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, en pleno auge de la modernidad venezolana, gracias a las gestiones del arquitecto Graziano Gasparini. Solo en la dictadura chavista todo ha sido destruido y lo que se construye es co fecha de vencimiento y consecuencias fatales.
Construido entre 1954 y 1956, este pabellón es una de las grandes joyas arquitectónicas de los Giardini y la única obra que Scarpa diseñó desde cero para un país extranjero en ese recinto.
Scarpa, maestro del detalle y de la integración de la luz, concibió el pabellón como una composición de dos volúmenes cúbicos de hormigón visto conectados por un patio exterior. Destaca por sus grandes ventanales, sus juegos de volúmenes geométricos y la forma en que introduce la luz natural y la vegetación de los jardines hacia el espacio expositivo.

A pesar de las dificultades de mantenimiento y las interrupciones, el Pabellón de Venezuela había logrado abrir sus puertas en varias ediciones clave de la Bienal de Arte durante los últimos 15 años. Pero como todo aquello que no tiene el debido mantenimiento, está en ruinas.
El contraste actual del pabellón es una metáfora en sí misma. Ver cómo una estructura de vanguardia de mediados del siglo XX —pensada para proyectar una Venezuela moderna y próspera— lidia hoy con el abandono físico, ofrece un trasfondo brutal: el fracaso absoluto de la ética, estética de la revolución del S XXI no solo ya no se esconde, su obra se expone como un destrozo ante un mundo que no cree lo que tiene ante sus ojos. Invierten si, en gigantografías de fotos de Scarpa de la época y un slogan: VENEZUELA RENACERÁ. En esto si que tienen base. No queda de otra.



