Opinión | La oscura hora de la ingeniería venezolana

El asunto relacionado con las sanciones legales, presenta una perspectiva interesante y compleja desde el punto de vista jurídico ya que el ente encargado de velar por el correcto desarrollo de la ética y la observancia de la misma por parte de sus agremiados, ha incurrido igualmente en un delito permitir que empresas extranjeras sin la debida autorización o calificación, y existiendo la capacidad técnica y profesional instaladas en el sector de la ingeniería en Venezuela, fueran las encargadas de ejecutar dichas "obras de emergencia" a sabiendas de estar incumpliendo con el articulado del "Código de ética" de la profesión de la Ingeniería, Arquitectura y afines".

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Autor: Arq. David Moreno Altmiks

Caracas.- Las inspecciones hechas a edificaciones por parte de ingenieros con «martillo en mano», sin instrumentos elementales de tecnología para éste tipo de eventos, como el scanner lidar o un percutor nuclear (esclerómetro) para determinar la resistencia del concreto, son simples «inspecciones oculares» muy mediocres y rudimentarias, con algunas honrosas excepciones, pero todo cae aquí en el «mismo saco» de la inobservancia previa de los entes responsables gremiales y gubernamentales que otorgaron los permisos para edificar lo que ya no existe.

Los protocolos indícan que dichas inspecciones deben ser realizadas por ingenieros especializados en patología estructural. Pero resulta vergonzosa éste tipo de respuesta, «martillo en mano» considerando que el colapso de muchas de las estructuras en La Guaira y Caraballeda, sobre todo, no llegan a tener más de dos décadas de edificadas las mas recientes y ya colapsadas, con excepción de algunos casos puntuales en Caracas en la zona norte que resistieron el sismo de 1967 y que debieron actualizarse, al igual que en el litoral luego del deslave del 99.

Las más antíguas debieron haber sido objeto de actualización a nivel estructural y ésto tampoco se realizó considerando que Venezuela es una zona activa sísmicamente.

Es una hora oscura para la ingeniería venezolana, considerando que muchos de los edificios hoy colapsados fueron inspeccionados por profesionales de dicho gremio el cual (que yo tenga conocimiento) hasta los momentos no ha emitido un comunicado oficial indicando las medidas de seguridad a seguir.

TODOS los edificios en las zonas afectadas que están aún en pie deben ser evaluados seriamente y con los protocolos técnicos y equipos actualizado, demandar a los reponsables de la inobservancia a la norma una vez identificados y posteriormente deben ser demolidos, y con ello no me refiero unicamente a los que no pasen la prueba del semáforo, se debe evaluar en todas las regiones del país la calidad técnica y normativa de las edificaciones desarrolladas por la GMVV a partir del año 2000 y también las ejecutadas por el sector privado.

El asunto relacionado con las sanciones legales, presenta una perspectiva interesante y compleja desde el punto de vista jurídico ya que el ente encargado de velar por el correcto desarrollo de la ética y la observancia de la misma por parte de sus agremiados, ha incurrido igualmente en un delito permitir que empresas extranjeras sin la debida autorización o calificación, y existiendo la capacidad técnica y profesional instaladas en el sector de la ingeniería en Venezuela, fueran las encargadas de ejecutar dichas «obras de emergencia» a sabiendas de estar incumpliendo con el articulado del «Código de ética» de la profesión de la Ingeniería, Arquitectura y afines».

Sin duda recaerán responsabilidades penales sobre la individualidades directas. Presidentes y Junta directivas del Colegio Nacional y las diferentes seccionales estadales, aunque éstas se administran de forma autónoma ello no les exime de la responsabilidad de observar la norma en la aprobación de proyectos.

Los proyectos una vez revisados y visados pagando los aranceles impositivos se les otorga el «visto bueno» para desde ahí recorrer el «via crucis» burocrático de las autoridades municipales, regionales, otras técnicas relacionadas con la energía y el agua, que deben «aprobar» a la «brava soberbia» los proyectos foráneos por presiones externas.

Se ha violado todo desde su esencia, es un fuerte sismo gremial e institucional. No sólo es «oscuro» el momento, también vergonzoso y antiético ya que muchos profesionales fuímos apartados de la posibilidad de ejercer y corregir las deficiencias, bondades o desvirtudes de lo que hoy constituye una ofensa gravísima al gremio apartado y a la digna figura de Juan Manuel Cagigal quien en 1861 la fundó para diferenciar, entre otros elementos, la ingeniería militar de la civil.

Cagigal murió de tristeza y melancolía como narra «El Cojo Ilustrado» y otras publicaciones de la época. Seguro estoy que ha vuelto a morir de verguenza. Una verguenza que se tradujo en una furia sísmica épica y monumental.

Mientras enclenques funcionarios, huesudos, desmuelados y des-uniformados esperan en una carpa que otra estructura caiga. Y el gremio sin empleo.

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