Caracas.- Un cambio en las dinámicas de la migración venezolana en Estados Unidos (EE. UU.) evidencia que miles de personas evitan establecerse en polos tradicionales como el estado de Florida para dirigirse a áreas metropolitanas de menor escala, principalmente en los suburbios del sur de Salt Lake City, en el estado de Utah.
La saturación del mercado laboral en Miami, los bajos salarios y los altos costos de la vivienda, junto con el endurecimiento de los controles migratorios, han impulsado la búsqueda de opciones en jurisdicciones con economías locales más sólidas.
Las vivencias de los propios migrantes reflejan la búsqueda de estabilidad financiera frente a las condiciones del sur de Florida. “Por el trabajo y por las condiciones, el pago en Miami era muy bajo. En Utah encontré mejores oportunidades para emprender e integrar a más personas", afirmó, en declaraciones para la agencia Associated Press (AP), el microempresario venezolano Enrique Vera tras recordar su paso por la frontera de Yuma en 2021.
Según un análisis de datos federales realizado por la agencia de noticias entre el otoño de 2018 y el verano de 2025, de aproximadamente un millón de personas venezolanas admitidas tras cruzar la frontera con México, al menos 30.000 personas declararon como su destino directo el estado de Utah. Aunque los datos confirman que Florida se mantuvo como el estado más popular en el cómputo general, un número significativo de familias optó por desplazarse motivadas por el tráfico, el costo de la vivienda, el empleo y la calidad de vida.
Junto con los suburbios al sur de Salt Lake City, otras zonas receptoras en el interior estadounidense incluyen a Chicago, Denver, Atlanta, Dallas, Houston y localidades como Madison o Albuquerque. Históricamente, estas jurisdicciones ofrecieron mayor estabilidad e integración laboral.
Los controles migratorios
El factor migratorio y legal se ha convertido en un determinante clave para el comportamiento de la comunidad. La cancelación de la plataforma CBP One y la finalización del Estatus de Protección Temporal (TPS) para más de 600.000 venezolanos generaron una contracción en las actividades comerciales y el cierre de locales en diversas áreas. Estas medidas obligaron a cientos de solicitantes de asilo a mantener un perfil bajo ante el temor a una deportación masiva.
A este escenario de incertidumbre se suman las severas medidas de control migratorio y la acumulación de expedientes en los tribunales de inmigración. Estas condiciones mantienen en suspenso el futuro legal de miles de familias que buscan consolidar su permanencia en territorio estadounidense, incluso tras haberse instalado en estados con mejor oferta de empleo.
A escala internacional, el desplazamiento de venezolanos se mantiene como uno de los mayores movimientos poblacionales del planeta. De acuerdo con datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), casi 7,9 millones de venezolanos han salido del país, de los cuales más de 6,9 millones residen en naciones de América Latina y el Caribe.
No obstante, las cifras de ACNUR reflejan que los flujos migratorios experimentaron una variación drástica durante el año 2025, caracterizada por una disminución notable en los desplazamientos con rumbo al norte.
De acuerdo con el organismo de la ONU, los cruces por la selva del Darién cayeron de unos 302.000 en 2024 a poco más de 3.000 en 2025, al tiempo que se registró un incremento en los retornos hacia Venezuela.
El nuevo mapa del reasentamiento en Estados Unidos muestra que la migración venezolana responde tanto a presiones económicas como a factores de control legal. Mientras el elevado costo de vida en Miami aleja a las familias de Florida, la falta de estatus legal configura un entorno donde la búsqueda de empleo en estados como Utah transcurre en medio de un clima de cautela ante el riesgo de deportación.



