En el debate sobre el futuro energético de Venezuela se plantea la inmensidad de los recursos atrapados en el subsuelo y la realidad de la infraestructura en la superficie. Mientras portavoces oficiales y promotores comerciales suelen exaltar la condición del país como poseedor de las mayores reservas de hidrocarburos del planeta, expertos del sector insisten en diferenciar la abundancia del petróleo de las posibilidades de explotar y comercializar ese potencial.
La reactivación de la industria nacional exige superar la falta de mantenimiento, la opacidad contractual y el deterioro de los servicios públicos, para luego definir hasta qué punto Venezuela puede competir o desplazar a competidores globales.
“Venezuela tiene un gran potencial en recursos de petróleo y gas, pero es fundamental diferenciar entre recursos y reservas probadas", señaló la primera vicepresidenta de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo, Aminta Carrasquel Salazar.
Según la experta, la narrativa sobre los 300.000 millones de barriles de reservas probadas en Venezuela proviene principalmente de un ajuste de carácter político efectuado a comienzos de los años 2000, cuando se elevó artificialmente el factor de recobro de la Faja Petrolífera del Orinoco del 7 % u 8 % histórico a un 20 %. El factor de recobro es el porcentaje de crudo que se puede extraer de un yacimiento.
De acuerdo con el análisis de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo, alcanzar ese 20 % requeriría inversiones monumentales en inyección de tecnología y energía de las que el país no dispone en la actualidad, por lo que un cálculo más conservador ubica las reservas probadas reales en torno a los 150.000 millones de barriles.
“El 20 % de factor de recobro está descartado en el corto plazo porque requiere gastos e inversiones muchísimo mayores a las que disponemos", afirmó Carrasquel en conversación con El Pitazo.
Pese a esta corrección técnica, la disponibilidad de recursos sigue siendo extraordinaria respecto a la producción actual. “Si dividimos 304.000 millones de barriles (la cifra oficial reconocida por la OPEP) entre una producción de un millón de barriles al día, tenemos petróleo para más de 800 años", dijo, por su parte, el economista petrolero José Toro Hardy.
La limitación fundamental de Venezuela no radica en la cantidad de crudo en el subsuelo, sino en la incapacidad financiera y operativa del Estado para extraerlo sin el capital privado transnacional.

¿Hasta dónde puede llegar el potencial petrolero venezolano?
Al evaluar la capacidad de expansión de la industria, las proyecciones dibujan varios horizontes según la tecnología y la inversión empleadas. En un escenario de recuperación convencional mediante el mantenimiento de presión en los yacimientos, reparación de pozos e inyección de fluidos, la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo estima que el país podría alcanzar una meta de 6 millones de barriles diarios en un periodo de 10 años. Esta cifra igualaría los planes estratégicos trazados a finales de los años noventa y situaría a la nación en volúmenes cercanos a los de potencias como Arabia Saudita.
“En 10 años se pudiera alcanzar los 6 millones de barriles diarios, pero es un proceso que requiere elevar el potencial a medida que los yacimientos pierden energía", señaló Carrasquel.
Sin embargo, el verdadero salto cuantitativo que podría transformar a Venezuela en un gigante energético global reside en los recursos no convencionales que aún no han sido explotados. En conversación telefónica con El Pitazo, Toro Hardy explicó que debajo de la cuenca occidental, en el estado Zulia, se extiende la formación geológica La Luna, una fuente rica en hidrocarburos atrapados en rocas que requeriría la aplicación de la técnica del fracking o fracturación hidráulica. En Estados Unidos, la adopción masiva del fracking permitió elevar la producción nacional de 6 millones a 13 millones de barriles diarios, un fenómeno que podría replicarse en territorio venezolano si se toman las decisiones políticas y ambientales correspondientes.
“El día que Venezuela tome la decisión de empezar a explotar el fracking, la producción del país podría ser muchísimo mayor, tal como ocurrió en Estados Unidos", explicó el experto.
A este horizonte petrolero se suma la riqueza gasífera del país, que abarca no solo el gas asociado a la extracción de crudo en el oriente venezolano, sino inmensos yacimientos vírgenes de gas no asociado en la costa nororiental, en la plataforma de Paria, Delta Amacuro y la península de Araya, abarcados originalmente en el antiguo proyecto Cristóbal Colón.
“Si al gas se le da el precio que realmente tiene y se trata como un producto comerciable, también podemos convertirnos en exportadores de gas limpio hacia otros mercados", añadió Carrasquel.
La vocera de la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo recordó que el país posee fuentes energéticas complementarias como torio, potencial hidroeléctrico, energía solar y la posibilidad de relanzar la tecnología de la orimulsión para plantas termoeléctricas.
Ventajas logísticas frente a Medio Oriente
En la disputa por posicionarse como centro energético frente a los productores del Golfo Pérsico, Venezuela ostenta ventajas geográficas y de infraestructura. Mientras que la región de Medio Oriente concentra pozos de crudos medianos y livianos que fluyen de manera natural, sus rutas marítimas enfrentan constantes tensiones geopolíticas y trayectos prolongados hacia el continente americano. En contraste, Venezuela cuenta con una ubicación privilegiada libre de conflictos bélicos o religiosos.
El factor determinante en la comercialización es el tiempo de navegación y la compatibilidad con las refinerías. Los expertos explicaron que un buque petrolero que zarpa de las costas venezolanas tarda apenas cuatro días en fondear en los complejos de refinación del Golfo de México en Estados Unidos. Instalaciones como Citgo o Valero fueron diseñadas como un “traje a la medida" para procesar los crudos pesados y extrapesados venezolanos.
Por el contrario, el viaje hacia China demora 45 días de navegación, a lo que se suma la ausencia de refinerías chinas adaptadas a este tipo de petróleo, lo que obliga al país a otorgar grandes descuentos en el precio del barril y asumir costosos fletes marítimos que erosionan el ingreso neto.
“Nuestra situación geográfica nos beneficia al estar cerca de Estados Unidos, para quien tradicionalmente hemos sido un proveedor confiable y seguro", dijo Carrasquel.

Campos activos vs áreas vírgenes
La velocidad con la que se puede recuperar la producción petrolera depende del tipo de yacimiento en el que se invierta. Los expertos diferencian entre los brownfields —campos maduros que ya cuentan con infraestructura instalada, como los del Lago de Maracaibo— y los greenfields o áreas completamente vírgenes, como algunos bloques en el área Boyacá. En los brownfields, la producción puede responder con relativa rapidez mediante trabajos de mantenimiento, reactivación de pozos inactivos o “mangos bajitos" y reemplazo de equipos vandalizados.
Por el contrario, en las áreas vírgenes es necesario construir carreteras, tendidos eléctricos e infraestructura básica desde cero, lo que posterga el flujo de petróleo durante años.
Frente a estas necesidades, la reciente adjudicación de campos a empresas emergentes o poco conocidas ha generado dudas entre los especialistas. Para Toro Hardy, firmas como Primavera Infinita o North American Blue Energy Partners (Navep) no cuentan con la experiencia requerida ni poseen el músculo financiero para ejecutar las inversiones de 100.000 millones de dólares anunciadas. Por su parte, las transnacionales consolidadas mantienen un comportamiento cauteloso debido a la opacidad y la inestabilidad del entorno nacional.

“El capital petrolero internacional es muy exigente y no va a arriesgar sus recursos en escenarios que no inspiren confianza o estabilidad", apuntó el economista petrolero Rafael Quiroz en una reciente entrevista en el programa Punto y Contexto.
Para que las grandes empresas transnacionales con capacidad financiera como ExxonMobil o ConocoPhillips retornen al país, Venezuela debe resolver los litigios pendientes derivados de las expropiaciones ejecutadas durante el gobierno de Hugo Chávez.
Casos como el arbitraje de ConocoPhillips, que mantiene sentencias favorables por cerca de 3.000 millones de dólares en tribunales internacionales y amenaza con la subasta judicial de las acciones de Citgo en Delaware, requieren negociaciones. Entre las opciones planteadas por el economista Toro Hardy destaca la restitución de activos expropiados a cambio de compromisos de inversión fresca y el retiro de demandas judiciales.
Asimismo, el experto considera que la integración de crudos de la Faja Petrolífera del Orinoco (8° API) con crudos livianos producidos por ExxonMobil en Guyana (30° API) permitiría formular la mezcla Merey 16, que cuenta con un mercado consolidado de 10 millones de barriles diarios en Estados Unidos.
A la par de la resolución de deudas, los expertos consideran que el marco regulatorio actual presenta obstáculos. La Ley de Hidrocarburos vigente otorga una elevada discrecionalidad a los funcionarios públicos.
Frente a esto, la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo propone la aprobación de un nuevo proyecto de ley que, entre otros puntos, cree la Agencia Nacional de Energía, un ente técnico autónomo encargado de preparar paquetes de datos y realizar licitaciones competitivas y transparentes, emulando el modelo exitoso de la Apertura Petrolera de los noventa que también destaca Toro Hardy.

El efecto multiplicador en la economía
El retorno masivo de la inversión extranjera no solo impactaría la balanza petrolera, sino que desencadenaría un efecto multiplicador inmediato en toda la economía nacional. La contratación de empresas contratistas, la reactivación del sector metalmecánico para la reparación de refinerías, el auge de la construcción y el dinamismo crediticio en la banca privada generarían empleo masivo y permitirían al Banco Central de Venezuela frenar la emisión de dinero sin respaldo.
Este flujo de divisas interrumpiría el ciclo perverso de devaluación e inflación, devolviendo la estabilidad a la moneda nacional y restaurando el poder adquisitivo de la población, señaló el economista.
“El futuro de la industria debe sostenerse sobre la conjunción de producción y soberanía, capital nacional y extranjero, inversión e institucionalidad, rechazando de manera categórica la opacidad y la improvisación", declaró la Sociedad Venezolana de Ingenieros de Petróleo en un reciente comunicado.
Los especialistas coinciden en que Venezuela no desplazará de forma absoluta a Medio Oriente como centro petrolero global, debido a la capacidad total del Golfo Pérsico frente al potencial y la realidad venezolana. No obstante, el valor estratégico del país radica en consolidarse como el gran polo energético del hemisferio occidental, aprovechando su cercanía a Estados Unidos y un potencial de producción que, al desarrollarse, podría competir en los primeros lugares de la oferta mundial.
La distancia entre el potencial del subsuelo y la realidad en la superficie es estrecha en infraestructura. De un parque estimado hasta 2016 en 14.000 pozos en todo el territorio nacional, solo se mantenían activos cerca de 1.500. Desde entonces, las autoridades no han publicado reportes sobre las condiciones del sector, detalló Carrasquel, quien reiteró que poner en marcha los más de 12.500 pozos que hasta ese momento se mantenían inactivos requiere en algunos casos inversiones menores y en otros reparaciones mayores.
En ese sentido, los especialistas insisten en la necesidad de transparencia y reglas claras que permitan atraer más capital internacional, de manera que la apertura petrolera represente un verdadero impacto en la calidad de vida de los venezolanos.


