Caracas.- Lo que debía ser el inicio de un proceso de negociación este sábado 1 de agosto se transformó en una nueva jornada de indignación para la masa laboral venezolana. Mientras los voceros del chavismo y un sector de la oposición intercambiaban comunicados a altas horas de la noche, los trabajadores públicos y dirigentes sindicales amanecieron este lunes 3 de agosto en las calles para rechazar lo que consideran un «diálogo de élites» de espaldas al país.
Las conversaciones, coordinadas por Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y la dirigente opositora Dinorah Figuera, presidenta de la AN de 2015, fueron postergadas para la próxima semana, cuando se espera una reunión presencial en Caracas.
Sin embargo, el hermetismo extremo que rodeó la jornada del sábado, donde se desconocían horarios y lugares de encuentro, encendió las alarmas de los gremios que exigen transparencia absoluta en lo que se discute sobre el futuro de Venezuela.
Para Carlos Salazar, vocero de la Coalición Sindical Nacional, lo ocurrido el sábado 1 de agosto es inaceptable. «Es una indignación. ¿Hasta cuándo habrá tantos diálogos sin soluciones?», cuestionó Salazar, subrayando que el formato actual excluye a la sociedad civil.
El dirigente fue enfático al señalar que no puede haber una transición real mientras existan detenidos por motivos políticos. «¿Qué transición es esa con presos políticos? Queremos que se liberen de inmediato», sentenció.
La desconfianza en el proceso radica en la falta de una agenda clara. Los trabajadores exigen que cualquier mesa de negociación sea pública, con acceso a la prensa, para evitar acuerdos ocultos que no aborden la crisis humanitaria y económica que atraviesa el ciudadano común.
Salarios y hambre: la agenda olvidada
Mientras Rodríguez y Figuera anunciaban haber establecido una «agenda de trabajo con metas verificables» —agradeciendo incluso el acompañamiento del secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio—, para los trabajadores la preocupación es otra: el costo de la canasta básica y la pulverización del ingreso.
«El bolsillo no nos aguanta más. El dólar sube todos los días y nosotros tenemos los bolsillos en cero», denunció Lina Mantilla, secretaria general del sindicato del Instituto Nacional de Desarrollo Rural (Inder), quien criticó que el diálogo se centre en temas políticos, mientras se ignora que el salario mínimo actual no permite cubrir ni el 1% de las necesidades básicas.
Los manifestantes exigen que se discutan las contrataciones colectivas y un salario que se acerque a los costos de la canasta alimentaria.
Por su parte, Gilberto Arcalá, dirigente del sector construcción, precisó que el sector se encuentra paralizado en un 99% y sostuvo que un salario digno solo será posible a través de un proceso electoral libre y transparente, reconociendo además la voluntad expresada por el pueblo el pasado 28 de julio.
Exigencias concretas sobre la mesa
La Coalición Sindical no solo rechaza la opacidad, sino que presentó una serie de puntos que consideran innegociables para que el diálogo tenga legitimidad ante la sociedad civil.
- Apertura total a los medios: que la gente sepa qué se está hablando y quiénes son los actores.
- Institucionalidad: el nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) y la reinstalación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que se encuentra en el exilio.
- Cronograma Electoral: definir fechas claras para elecciones presidenciales este mismo año, con apertura del Registro Electoral Permanente (REP) e inscripción de candidatos.
«Un diálogo que dilata la crisis»
La sensación general entre los trabajadores es que el aplazamiento de las reuniones es una táctica de dilatación.
«Eso no sirve si no está el pueblo, si no están los trabajadores y los estudiantes», advirtió Hugo Bastardo, trabajador de la Siderúrgica del Orinoco Alfredo Maneiro (Sidor), en Guayana, señalando que mientras los políticos «pierden el tiempo» decidiendo quiénes se sientan a la mesa, la crisis social se agrava.
«Si no nos unimos, no vamos a lograr lo que queremos», sentenció.
A pesar del rechazo al formato actual, los sindicatos aseguran que no están cerrados a la negociación, siempre y cuando esta deje de ser un «diálogo escondido» y se convierta en una ruta real para la democratización y la recuperación del bienestar de los venezolanos.
«Si tú quieres salir de este régimen, si quieres luchar por la libertad, vamos a la calle todos», concluyó Carlos Salazar.



