Los terremotos del pasado 24 de junio dejaron en La Guaira, una zona frente al Mar Caribe en Venezuela, toneladas de escombros y amasijos de hierro en casi 200 edificios en los que se reportó el colapso total. Otros que aún se mantienen en pie deben ser inspeccionados para evaluar su demolición.
Entonces, la pregunta que surge es ¿hacia dónde serán desechados los escombros? La exploradora y creadora de contenido de biología y medio ambiente, Karen Brewer Carías, dijo que arrojar al mar los escombros del terremoto no es una solución rápida para despejar la ciudad. Señaló que desde el punto de vista de la ingeniería ambiental y biología marina se generaría un impacto negativo a corto, mediano y largo plazo.
Con base en la explicación de Brewer Carías, en El Pitazo te mostramos algunas claves del por qué no se deben lanzar los escombros al mar.
*Contaminación química y alteración de la calidad del agua.
La joven, conocida en redes sociales como @karenexplora explicó que la razón es sencilla: los escombros son solo piedras y tierra. “El concreto tiene aditivos, cal y cemento, que al entrar en contacto con el agua cambian de forma drástica el PH marino. Además de volverlo altamente alcalino, los restos de escombros contienen metales pesados, aceites, pinturas tóxicas y solventes que envenenan el agua y rompen el equilibrio químico de la costa", detalló.
*Destrucción por asfixia de los ecosistemas marinos y arrecifes.
Brewer Carías dijo que el polvo fino del concreto y el yeso de las paredes no se hunden de inmediato, sino que se quedan suspendidos en el agua y forman una nube que evita que entren los rayos del sol. “Esto impide que se genera la fotosíntesis en las algas. Ese polvillo cuando se asienta asfixia los corales, esponjas y muchos ecosistemas marinos que sirven como refugio y sitios de reproducción de peces que habitan en la costa", advirtió.
*Modificación de las corrientes e incremento en la erosión costera.
La creadora de contenido señaló que si los escombros se arrojan sin criterio de ingeniería hidráulica se cambiará la topografía del fondo marino. “Eso cambia la forma en la que las olas rompen y desvía las corrientes costeras naturales. Esto hace que el mar empiece a erosionar, es decir, a comerse la orilla de las playas, lo que desestabiliza aún más los terrenos en las vías costeras y las infraestructuras que quedaron en pie", señaló.
*Peligro sanitario y contaminación por micropartículas de asbestos y plásticos.
La exploradora indicó que al lanzar todos estos materiales al mar, las olas los trituran y esas partículas entran en la cadena alimentaria de los peces y crustáceos. “Lo que genera un problema de salud pública para las personas que se alimentan de los peces y animales de la costa", apuntó.
*Riesgo para la navegación y la pesca artesanal.
La mayoría de estos bloques de concreto, que tienen vigas y cabillas, quedarán sumergidos a poca profundidad, lo que los convierte en ‘trampas invisibles’. “Eso no solo destruye las redes, botes y motores de los pescadores artesanales, sino que también va a inhabilitar de forma permanente las actividades recreativas y el turismo en la zona, golpeando económicamente el lugar que queremos recuperar", explicó.
Ahora bien, ¿cuál es la opción más amigable con el medioambiente? Brewer Carías precisó que de acuerdo con normas internacionales los escombros deben ser llevados a canteras alejadas de la ciudad, donde el material pueda ser triturado, clasificado y reciclado. “Eso serviría de base para nuevas carreteras, por ejemplo, o rellenos de ingeniería sísmorresistentes en zonas firmes", puntualizó y recordó que el mar nunca debe ser el basurero en una tragedia porque a futuro se convertirá en un problema mayor.


