Caracas.- La incertidumbre se agudiza a las puertas del Parque del Oeste «Alí Primera», en la avenida Sucre de Catia. Este lunes 29 de junio, decenas de personas que buscan desesperadamente a sus familiares tras los terremotos del pasado 24 de junio se toparon con un fuerte cordón de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que restringe el acceso al sitio convertido en centro de acopio y refugio temporal.
Los efectivos militares informaron que el ingreso solo estaba permitido a partir de las 2:00 pm y únicamente para personas previamente identificadas con un brazalete y código QR. Sin embargo, a la 1:00 pm comenzaron a ingresar algunas personas, mientras que a otras les indicaron que tenían que esperar hasta las 4:00 pm.
Esta medida generó malestar entre quienes han pernoctado en las adyacencias con la esperanza de obtener noticias de sus seres queridos.
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Entre la multitud destacaba el rostro de Ana Hernández, quien viajó desde El Junquito para buscar a su tío, Miguel Ángel Gavidia, quien desapareció en la zona de Caribe, estado La Guaira, el día de los terremotos.
A las 11:45 am, Hernández relató que se encontraba en el parque desde las 7:00 am, esperando que la dejaran ingresar a buscar a su familiar.
«Estamos aquí desde temprano y no nos han dejado entrar porque dicen que están reorganizando a la gente adentro para evitar el caos», explicó Hernández al equipo de El Pitazo.
La angustia de la familia es mayor debido a la condición física de Gavidia. «Él tiene dificultades en la vista, está un poco ciego. No sabemos si está en shock y por eso no ha podido dar con nosotros», señaló con preocupación.
Un detalle inquietante se suma a su búsqueda. Aunque han llamado al celular de su tío, quien responde es una niña que asegura haber encontrado el equipo pero se niega a dar información sobre el lugar del hallazgo.
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Colapso e insalubridad dentro del refugio
Mientras en la entrada la GNB controla el flujo de personas, adentro la situación es crítica. Mirtha Colmenares, integrante de los voluntarios Guerreros Yacambú del estado Lara, indicó que el lugar no cuenta con las condiciones mínimas para albergar a los damnificados que siguen llegando desde La Guaira. Tampoco se sabe el número preciso de cuántas personas hay en este lugar.
«El lugar no está apto. Hay defecación de las mismas personas en el sitio, tienen animales, gatos, y eso es insalubre», advirtió Colmenares, quien teme el brote de enfermedades debido a la falta de higiene y a que muchos niños y mujeres embarazadas están expuestos a la intemperie.
Ante esta crisis, su equipo planea improvisar un baño para que las mujeres y niñas puedan asearse con algo de privacidad.
La voluntaria también precisó que el acceso para visitantes y familiares se ha vuelto más estricto este lunes debido a presuntas irregularidades con el manejo de insumos.
Además, alertó que el material para los brazaletes de identificación se agotó, dejando a muchos de los recién llegados —ubicados en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL)— sin ser censados formalmente.
A pesar de que algunas personas lograron ingresar cerca de la 1:00 pm, muchos familiares permanecen en la entrada del parque, bajo el sol, esperando que el código QR o la voluntad de los funcionarios les permita, finalmente, saber si sus parientes están vivos.



